WhatsApp se ha convertido definitivamente en una aplicación de mensajería instantánea para teléfonos móviles y tablets, un dolor de cabeza para cualquier operadora por la disminución de envío de mensajes de texto y una seria competencia para RIM y su aplicación fiable y segura Blackberry Messenger.
WhatsApp ha sido muy inteligente a la hora de ofrecer su
App en todas las plataformas (
iPhone, Blackberry, Android y Symbian) a un precio accesible e incluso gratis en la mayoría de ellas.
Su proceso de
registro es extremadamente fácil, no es necesario
introducir un nombre,
ni una cuenta de correo. Sólo
confirmar el número de teléfono y recibir el mensaje de verificación.
Sin planes mensuales,
sin costes por mensajes y
sin diferencias en envíos a usuarios nacionales o internacionales. Lo miremos por dónde lo miremos, el
ahorro para el cliente está asegurado.
El resultado es una aplicación que se está usando en todo el mundo y que crece de forma considerable, una forma de
comunicación sin coste con cualquier parte del mundo con gran atractivo.
Sonar suena bien, aunque detrás de todo esto existe una serie de
consideraciones a tener en cuenta, problemas en
falta de datos y simples
faltas de seguridad que deberían preocupar al usuario.
Empezando por la
compañía,
poco se sabe de ella, su
forma de trabajar,
dónde se ubica, los
empleados que tiene. Sus fundadores,
Jan Kroum y Brian Actor, ni siquiera aparecen en su web.
Pero la verdadera preocupación de
WhatsApp está relacionada con temas de
privacidad, con el
tráfico de datos y lo que sucede con
toda esa información que se intercambia entre usuarios.
¿Guardan
datos de contactos? ¿Dónde? ¿Se guarda un
registro de mensajes? ¿Qué hacen con esos datos?
¿Por qué es tan fácil realizar el alta y
tan complicado el proceso efectivo de baja?
Basándonos en un ejemplo, si tienes la aplicación instalada busca el
botón que permita eliminarte del servicio para que no aparezcas como contacto en el resto de usuarios. Dicho botón no existe.
El proceso real es complicado, debes enviar un
mail al
departamento técnico con toda la información requerida y esperar a que contesten, si contestan. Un
proceso cuestionable y poco efectivo.
Dejando a un lado la
privacidad, surgen otras dudas como si
debemos confiarnos de una compañía casi anónima que puede tener nuestros datos seguros o no. Eso por ahora nadie lo sabe.
Llegado el momento incluso
WhatsApp podría negociar con las plataformas su uso, para que sean ellas quién se encarguen de los
costes (y como no del ansiado
beneficio)
del servicio.
Un caso hipotético sería que
WhatsApp pidiese dinero a
Google para disponer de su
app en Android. Ante la negativa de
Google,
WhatsApp podría
bloquear su servicio a todos estos usuarios.
En la actualidad no resulta extraño ver a ciertos fa
bricantes de terminales como
Nokia anunciar su
último modelo con la ventaja de ser
compatible con WhatsApp, el negocio está asegurado.
A diferencia de
Blackberry Messenger, puede preocupar que
WhatsApp esté
construido sobre un servicio y no sobre una plataforma aunque sea compatible con la mayoría de terminales.
Queda entendido lo
práctico y económico que es enviar un mensaje por
WhatsApp pero recomendamos
no mantener conversaciones privadas, con claves o datos de usuarios, a través de
WhatsApp.
No es oro todo lo que reluce y a pesar de ser una
aplicación útil no podemos confiar de un servicio que
no aporta garantías y del que
nadie sabe nada, además de usar una
comunicación no protegida.